Los colores y papá (Fragmento), por Héctor Hernández Montecinos

Papá ya no existes.
De ti nada queda.
Mamá llora en casa.
Los juncos cantan con el viento.
Mamá oye el silbido de los juncos malvados.
Cree que es papá.
Canten más fuerte.
Los juncos se dejan penetrar por las ráfagas de aire y cantan.
Es una letanía.
Las cigarras y las libélulas que pasan a su lado se desploman.
Las esporas abandonan su camino y vienen acá a morirse.
Es una letanía tan hermosa.
Mamá cree que está soñando.
Deben ser los ángeles que vienen por mí.
Se cubre con el güipil y sale de casa.
Sus pies apenas rozan el musgo de las piedras.
Es como si levitara.
Canten más fuerte.
Los riachuelos y las nubes se detienen a escuchar.
Los juncos cierran los ojos y se entregan al viento.
Elevan su voz lo más alto que pueden.
Cientos de juncos malvados cantando al unísono.
Las capas subterráneas de la tierra vibran.
Las raíces de los árboles se contraen.
Mamá se acerca levitando.
Algo trae en su mano.
No sé lo qué es.
La observo desde el fondo del río.
Ella no me ve.
Cree que estoy jugando con los niños.
Cree que me fui con las abejas.
Nací muerto.
Estoy feo.
Canten malditos juncos.
Canten más fuerte.
Viene cayendo la lluvia pero cesa y regresa al cielo.
Las olas del mar a lo lejos iban a estrellarse contra las rocas.
Pero las rocas se tendieron en la arena para oír a los juncos.
Cantan.
Cantan.
Cantan
¿Oyes cómo cantan los juncos?
Cierra los ojos y óyelos.
Están cantando.
Mamá mueve los labios pero no la oigo.
Los pájaros que observan siguen ahí.
No dicen nada.
Sólo miran.
Mamá se acerca.
Mamá levita.
Los juncos se estremecen cantando.
Mamá levita más alto.
Los coyotes aparecen de improviso y saltan sobre los juncos.
Los muerden con rabia.
Los juncos claman compasión.
Gimen.
Se retuercen.
Piedad gritan.
Piedad a estos malvados juncos.
Los coyotes se meten al río y los arrancan de raíz.
Sollozan los juncos.
Ya no cantan.
Imploran.
Mamá comienza a descender lentamente.
Los coyotes la esperan para devorarla.
Mamá los coyotes te harán daño.
No oye.
Sigue musitando algo que nadie entiende.
Sangran los hocicos de los coyotes.
Tienen cientos de astillas enterradas.
Los juncos son malvados.
El paladar y la lengua sangran.
Se han reunido debajo de mamá y la engullirán.
La esperan con ansias.
Los juncos ya no existen.
Papá tampoco.
Las cigarras y las libélulas han recobrado el juicio y han huido.
También las nubes y las rocas del mar.
Llueve.
Esto no es la primavera.
Acá no hay colores.
Los coyotes quieren acabar con mamá.
Algo dice.
Se oye poco a poco su voz.
Abre su boca.
Mamá dice mi nombre.
Me está llamando.
Busca mi mirada en el fondo del río.
Estoy feo.
Mamá me llama.
Los coyotes la observan.
Ya no quieren comérsela.
Mamá posa sus pies en el musgo.
Ya no levita.
Mira el río y viene hacia acá.
Sigue repitiendo mi nombre
¿Qué quiere de mí?
Mamá morí en el río.
Los niños me empujaron.
Me ofrecieron cáscaras de patatas.
Las habían secado al sol.
Las abejas llegaron y querían llevárselas.
Las abejas son malvadas mamá.
Huye de las abejas.
No vueles con ellas.
Te harán daño.
Lo quieren todo mamá.
Yo tenía hambre y los niños me daban cáscaras de patatas.
Tenía que acercarme al río.
Entonces uno de ellos me empujó y caí.
Intenté nadar pero las abejas me pinchaban las manos.
Son malvadas mamá.
No vueles con ellas.
Querrán picarte y robarte los colores.
Así morí en este río mamá.
Esta es la verdad.
Luego vino papá.
Pero papá era amigo de los niños.
Dormía con ellos.
Les contaba cómo era la primavera y a mí no.
Les mostraba los colores que trajo de la guerra.
Ellos los tomaban en sus manos.
Abrían sus ojos de asombro y yo lloraba.
Papá hizo eso.
Yo le pedía que me sacara del río pero jugaba con esos niños.
Papá sálvame.
Papá aquí estoy.
Papá me ahogo.
Los niños miraban los colores y sonreían con maldad.
Yo me estaba muriendo mamá.
Entraba el agua en mi boca.
No podía respirar.
Papá dame la mano.
Papá ¿me amas?
Papá ¿me dejarás morir?
Mis ojos se nublaron.
No me moví más.
El río comenzó a arrastrarme y así me morí.
Esta es la verdad mamá.
Los coyotes.
Se acercan los coyotes mamá.
Se están metiendo al río.
¿Por qué te ríes?
Son muchos coyotes mamá.
Me están mirando.
Vienen hacia mí.
Mamá los coyotes están rugiendo.
Mamá esta es la verdad.
No regreses a casa.
Las abejas te harán daño.
Mamá no me dejes.
No.
Los coyotes.
Los coyotes.
Los coyotes.

 
 Foto: © Daniel Steger for openphoto.net
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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Ivonne Concha Alarcon dice:

    Hermosa tu poesía .

    Me gusta

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